Friday, 12 de March de 2010
Eso de dar los nombres de las personas más ricas del mundo, y en especial la del ingeniero Carlos Slim, desató la imaginación popular. Escuche en la radio expresiones absurdas, con un desconocimiento total de lo que se habla. La mayor parte de los comentarios iban encaminados a satanizar a la riqueza, porque en México el éxito lo vemos regularmente acompañado de corrupción o de malas maneras de obtenerlas.
Una señora habló indignada y pidió que el ingeniero le devolviera su dinero que le quitó. Otro más aseguraba que de tener la riqueza de Slim botaba el trabajo y se dedicaría a la poesía y cosas poco rentables, pero muy entretenidas. Pensé que ése era el motivo principal por el que estaba trabajando en una radiodifusora.
La realidad es totalmente diferente. La riqueza del ingeniero Slim y el resto de los empresarios mexicanos no se logró en un juego de naipes y mucho menos de una señal divina. Los recursos, arriba de 50 mil millones de dólares, se deben a su habilidad para hacer negocios, de la misma manera que Lionel Messi, el futbolista argentino, tiene la vocación pera hacer goles en un partido de futbol.
No hay grandeza sin talento y un poco de suerte y el ingeniero Slim la tuvo al ser un hombre que le place hacer negocios, apostar a la compra de empresas en problemas, hacerlas rentables y muy en especial el hecho de ganar la licitación y control de Teléfonos de México. Ya desde antes tenía fama de ser un hombre con habilidad especial para sacarle provecho a la oportunidad, cosa que gran parte de los mortales no tenemos.
Otra de las sensaciones es que la gente piensa que el ingeniero Slim tiene en su casa el dinero, abajo del colchón. La realidad es muy distinta. Un hombre de negocios tiene por vocación crear empresas y con ello generar riqueza que distribuye. La fortuna de Slim es social en el sentido de que está en acciones de las empresas y de ahí resulta ingresos, calidad de vida directamente de 230 mil personas, que son los empleados del grupo y la derrama económica que genera en empleos indirectos, impuestos etcétera.
El cálculo que hace la revista Forbes es sobre la cantidad del porcentaje de acciones que tiene la familia directamente de las empresas. Por ejemplo, Slim no es dueño único de Telmex, pues hay cientos propietarios que compraron acciones en los mercados de valores de México, Estados Unidos y Europa.
Para ser empresario se requiere de vocación muy particular, especialmente en saber asumir los riesgos, porque créame usted que conozco más de 10 operaciones que han resultado un gran fracaso para el ingeniero Slim. No nos vayamos con la finta y echar a volar la imaginación. La riqueza empresarial y corporativa es muy distinta a la del agiotista, que tiene por misión guardar y atesorar.
La riqueza empresarial de la misma manera que viene se va de no existir disciplina y sentido común, además de la oportunidad. En el mundo de los negocios sin talento no hay grandeza, además de un poquito de ayuda de "la mano de Dios".
Julio Brito A. | Opinión / La Crónica de Hoy